Fumata blanca en los cónclaves: cómo se logra hoy una señal infalible

Fumata blanca

El cónclave de 1958 tuvo su momento de confusión: como contamos en nuestro programa Oye Siri, ¿quieres ser Papa?, la fumata blanca se oscureció minutos después, lo que provocó que algunos medios anunciaran un Papa que aún no lo era. Este error no ha vuelto a repetirse. ¿Cómo se garantiza hoy que la fumata blanca en los cónclaves sea una señal inequívoca?

La tradición de usar humo como anuncio se remonta al siglo XV, pero la codificación actual comenzó en 1903. Desde entonces, se usa fumata negra cuando no hay acuerdo, y fumata blanca para anunciar que un nuevo Papa ha sido elegido.

Hasta 2005, los colores dependían principalmente del papel quemado y la humedad. No siempre funcionaba. Por eso, desde el cónclave que eligió a Benedicto XVI se recurre a una mezcla precisa de productos químicos, diseñada por el laboratorio del Vaticano en colaboración con expertos italianos. La fumata blanca se produce con una combinación de perclorato de potasio, lactosa y colofonia, que al quemarse emite una densa nube blanca visible incluso a gran distancia. La fumata negra, en cambio, contiene antraceno, azufre y clorato de potasio, lo que garantiza el contraste.

La estufa donde se queman las papeletas está conectada a una chimenea especialmente diseñada para asegurar la correcta emisión del humo. Todo el proceso es monitorizado para evitar errores de comunicación.

La próxima vez que veas la plaza de San Pedro pendiente del cielo, sabrás que tras esa fumata blanca en los cónclaves hay más ciencia de lo que parece. Además, puedes leer este artículo de la BBC donde se explican detalles del proceso.

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