¿Quiénes fueron los evangelistas?

Evangelistas

Aunque la tradición les asigna nombres y semblanzas, la verdad es que los evangelistas no conocieron a Jesús. Esta afirmación, que aún hoy incomoda a algunos sectores religiosos, es una evidencia sostenida por la investigación histórica y filológica más solvente. Los textos que conforman los cuatro evangelios canónicos del Nuevo Testamento fueron escritos décadas después de la muerte del personaje histórico que conocemos como Jesucristo, y en contextos alejados tanto en tiempo como en espacio de la Judea del siglo I.

En Totus Pódcast ya dedicamos un episodio a uno de estos textos emblemáticos del cristianismo: en Comentando el Apocalipsis, analizamos la atribución tradicional de esa obra a Juan el Evangelista y su relación con la iconografía medieval, especialmente a través de los comentarios del Beato de Liébana. Sin embargo, el Apocalipsis es solo una pieza del complejo entramado que constituye el Nuevo Testamento.

Hoy queremos centrarnos en un hecho contundente: los evangelistas no conocieron a Jesús. No estuvieron allí, no fueron testigos directos y mucho menos tomaron notas al pie de la cruz o en la última cena. Entonces, ¿quiénes fueron realmente? ¿Por qué son solo cuatro? ¿Qué pasó con los otros evangelios que circularon en los primeros siglos?

Quiénes fueron los cuatro evangelistas

Los evangelios canónicos —Mateo, Marcos, Lucas y Juan— fueron escritos entre mediados del siglo I y principios del siglo II e.c.

  • Marcos es considerado el más antiguo, escrito hacia el año 70 e.c. Se le atribuye ser discípulo de Pedro, pero no hay evidencia directa de ello. De hecho, el propio texto no lo afirma. Una curiosa anécdota dice que Marcos incluyó en su evangelio un episodio donde un joven huye desnudo en Getsemaní (Mc 14,51-52), y que algunos interpretan como una autorreferencia discreta.
  • Mateo, escrito entre los años 80 y 90 e.c., es atribuido a un recaudador de impuestos convertido en discípulo. Sin embargo, su redacción, plagada de referencias al judaísmo y al cumplimiento de profecías, sugiere un autor culto que escribía para una comunidad judía-cristiana, no un humilde publicano galileo.
  • Lucas es obra de un autor culto, probablemente médico, que también escribió los Hechos de los Apóstoles. Redactado alrededor del 90 e.c., su evangelio es el más pulido literariamente. Lucas nunca conoció a Jesús y su prólogo es claro: “Muchos han intentado narrar los hechos… también yo he decidido escribirlos tras investigar todo cuidadosamente”.
  • Juan, el más tardío, compuesto entre finales del siglo I y principios del II, tiene un tono teológico y místico. No es el hijo de Zebedeo ni el discípulo amado. Este texto, redactado probablemente en Éfeso, es una obra comunitaria con añadidos y revisiones sucesivas.

Por qué solo cuatro evangelios

La Iglesia no siempre tuvo claro que debían ser cuatro evangelios. Durante los primeros siglos circularon decenas de textos: el Evangelio de Tomás, el de Felipe, el de María Magdalena, el de Judas… Todos ellos quedaron excluidos del canon. ¿Por qué?

La selección fue el resultado de un proceso político y teológico que culminó en el siglo IV con el Concilio de Nicea (325 e.c.) y otros posteriores. La Iglesia eligió aquellos textos que mejor armonizaban con la doctrina que querían consolidar. Ireneo de Lyon, en el siglo II, justificaba la existencia de solo cuatro evangelios diciendo que había cuatro puntos cardinales o que el trono de Dios estaba rodeado por cuatro seres vivientes. Poco rigor histórico y mucho simbolismo.

Para el catolicismo actual, el «marco legal» que regula qué textos son sagrados es el Canon del Nuevo Testamento, establecido definitivamente en el Concilio de Trento (1546). En la práctica, el canon católico sigue siendo el mismo desde entonces, blindando la autoridad de los evangelios canónicos frente a otros textos.

¿Qué queda entonces?

Queda el valor literario, cultural y filosófico de estos escritos, pero no la certeza histórica de que provengan de testigos presenciales. De hecho, los evangelistas escribieron desde comunidades distintas y con objetivos diferentes, recogiendo tradiciones orales, escritos previos ya perdidos y relatos moldeados por la fe.

La autoría directa por parte de personajes históricos vinculados a Jesús es una construcción piadosa, sin fundamento documental. Los evangelistas no conocieron a Jesús, y entender esto es fundamental para aproximarse a los textos con espíritu crítico y consciente.

En Totus Pódcast nos quedamos con otros cuatro evangelistas que nunca decepcionan, ni tienen versiones contradictorias, ni fueron canonizados: San Juan, San Jorge, San Ricardo y San Pablo… Los Beatles. Porque a falta de certezas históricas, siempre nos quedará el rock.

Contenido optimizado con herramientas de IA... pero redactado/revisado/corregido con Inteligencia Humana. 😉

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