Lewis Carroll, Alicia y la lógica de lo absurdo

Lewis Carroll

Lewis Carroll y Alicia son una dupla inseparable en el imaginario colectivo. No hablamos aquí de un dúo literario al uso, sino de la conjunción entre el autor británico Charles Lutwidge Dodgson —que firmaba con ese seudónimo— y la niña que inspiró su obra más célebre: Alicia en el país de las maravillas. La historia, publicada en 1865, nació de una travesía en barca por el Támesis.

Del cuento al libro

Dodgson entretenía a tres hermanas, hijas de un colega, con un relato improvisado en el que la pequeña Alicia Liddell caía por una madriguera hacia un mundo delirante. Aquella narración oral se convirtió, tras insistencia de la niña, en un manuscrito que más tarde el autor desarrollaría en una novela ilustrada por John Tenniel.

La época victoriana no era precisamente indulgente con la imaginación infantil. Por eso sorprendió el éxito inmediato de un libro que rompía con las narraciones moralizantes y ofrecía, en cambio, un desfile de personajes que parecían sacados de un sueño extravagante. Ahí están el Sombrerero Loco, la Reina de Corazones, el Gato de Cheshire o la Liebre de Marzo. Todos forman parte de un ecosistema gobernado por la lógica del sinsentido, algo que sin duda encantaba a Carroll, que además de escritor era matemático, lógico y fotógrafo.

El mundo de Alicia en el país de las maravillas no sólo conectaba con la infancia, sino que también ponía a prueba la razón adulta. Los diálogos disparatados, los acertijos sin respuesta evocan la incertidumbre de un universo donde las reglas son tan caprichosas como los habitantes que lo pueblan. Sin embargo, Carroll no quedó satisfecho con ese primer viaje al absurdo. Quería llevar a Alicia un paso más allá, y de ahí nació Alicia a través del espejo y lo que encontró allí, publicada en 1871.

La secuela, escrita en un contexto de continuas tensiones sociales en la Inglaterra industrial, propone un nuevo escenario: el tablero de ajedrez. En el segundo libro Alicia atraviesa un espejo y entra en una tierra que responde a las reglas del ajedrez, donde cada movimiento es un paso hacia la coronación como reina. La lógica matemática impregna esta obra de principio a fin, pero siempre envuelta en humor, poesía y contradicción. Carroll introduce en esta segunda parte a personajes tan célebres como Tweedledum y Tweedledee, el Caballero Blanco o la Reina Roja, cuya premisa básica —“¡hay que correr todo lo que se pueda para mantenerse en el mismo sitio!”— se ha convertido en metáfora cultural.

El legado de los libros de «Alicia»

La repercusión de ambas obras fue inmediata y duradera. No solo se tradujeron a decenas de idiomas, sino que además inspiraron adaptaciones teatrales, cinematográficas y musicales. Desde las primeras versiones mudas de principios del siglo XX hasta la celebrada animación de Disney en 1951 o la psicodélica relectura de Tim Burton. El caso es que Alicia en el país de las maravillas y Alicia a través del espejo no han dejado de alimentar la imaginación de creadores de todo tipo.

El influjo de Lewis Carroll también alcanzó la música. En el episodio de nuestro pódcast titulado I am the walrus, exploramos cómo Lennon absorbió parte del espíritu surrealista de Carroll para sus propias letras.

Si bien Carroll no escribió más historias sobre Alicia, sus dos libros bastaron para consolidar un legado literario que no conoce caducidad. Algunos críticos sostienen que el propio Dodgson veía en el espejo una metáfora de la madurez que Alicia inevitablemente alcanzaría. Otros piensan que Carroll disfrutaba del reto de aplicar la lógica formal a un contexto ilógico. Como si el sinsentido fuera la herramienta perfecta para explorar las limitaciones del pensamiento racional.

Quizá esa sea la gran enseñanza de Lewis Carroll y Alicia: el sinsentido también tiene sentido, pero solo si uno deja de tomarse tan en serio. Y si no se entiende, tampoco pasa nada. ¿para qué obsesionarse con ganar la partida si puedes, sencillamente, inventarte las reglas?

Contenido optimizado con herramientas de IA... pero redactado/revisado/corregido con Inteligencia Humana. 😉

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