¡No nos olvidamos de nuestra sección «Empírica culinaria»! Esta vez comentamos la receta y la elaboración de un desayuno muy habitual en la Antigua Grecia: los teganites. Seguiremos la receta tal y como nos la legó Galeno de Pérgamo, un célebre médico y pensador del siglo II, que investigó sobre el papel que jugaba la dieta en el equilibrio de los humores (una teoría que dominó la medicina occidental durante siglos).
En la Antigua Grecia, la cocina era un espacio funcional donde se utilizaban diversos utensilios y enseres cotidianos. Destacaban las ánforas y cántaros de cerámica para almacenar agua, vino y aceite de oliva, así como los molinos de mano para triturar granos y obtener harina. Las ollas de bronce o arcilla se empleaban para cocinar guisos y sopas, mientras que los asadores y parrillas servían para asar carne y pescado. Los platos y cuencos de terracota, a menudo decorados, eran fundamentales para servir alimentos, acompañados de cucharas y cuchillos de metal o hueso. El mortero con su mano se usaba para machacar especias y hierbas, y el horno de barro permitía hornear pan y pasteles. Además, el tripode sostenía recipientes sobre el fuego, completando un conjunto esencial para la preparación y consumo de alimentos en el hogar griego.
Si hoy día sabemos más de los detalles de la gastronomía antigua, se lo debemos a la arqueobiología, una ciencia que es capaz de encontrar, en fragmentos de cerámicas, restos microscópicos de ingredientes que nos han permitido reconstruir con asombrosa precisión cómo eran los menús de hace siglos y siglos. Los teganites, con su sencillez y elegancia, se convierten en un puente entre épocas, conectándonos con los sabores que quizás disfrutaron Hipócrates o incluso Sócrates mientras debatían las grandes cuestiones de la existencia. ¡Ahí es nada!
¡Si preparas esta receta, háznoslo saber en nuestras redes sociales!
Y antes de dejarnos…
Os dejamos un documental de National Geographic sobre la historia de la comida (¡se le puede poner subtítulos).







